Las antienseñanzas de Christopher Alexander
Desde niños nos enseñan a ser creativos, a ser originales. Nos educan a no copiar a los demás y a tratar de reinventar el hilo negro todo el tiempo, aunque sólo sea ponerle motitas de decoración para distinguirnos de los demás. Con el tiempo, esas enseñanzas serán aprovechadas por la mercadotecnia que seguirá machacándonos lo mismo: “se original, distínguete de los demás, cómprate un…”
Pero resulta que algunos crecemos y terminamos en medio del desarrollo de software o en la arquitectura o en la ciencia o, para acabar pronto, en la vida real. Una vida en la que ser creativo es importante, pero ser práctico lo es mucho más. De nada nos sirve reinventar mil veces la rueda, a veces sólo necesitamos usarla y lo más razonable será tomar la rueda que alguien más, o muchos alguienes más ya inventaron y perfeccionaron; a veces es casi una rueda lo que necesitamos, entonces nos ahorraremos mucho trabajo comenzando con una rueda y modificándola, que haciendo todo desde el principio y sin ayuda. Y en algunas otras ocasiones, con mucha suerte, lograremos mejorar un poco el diseño de la rueda y podremos publicar nuestra humilde aportación a la humanidad. En cualquiera de estos casos, más nos vale saber qué es lo que ya se inventó, así nos ahorramos mucho trabajo, horas de sueño y bastante dinero. (más…)
La ilusión del diseño bien definido
Van a decir que yo soy un contreras masoquista, se equivocan, aunque la explicación sería muy larga para este post, dejémoslo en que a veces, como ahora, disfruto de leer aquello con lo que no estoy de acuerdo. Resulta que nuevamente Luciano Cassisi ha escrito en Foro Alfa y nuevamente tengo algo que decir de lo que dice, y como en el Foro ese no hay coso para mandar comentarios y mi comentario va pa’largo, prefiero ponerlo aquí, aunque casi nadie lo lea.
El rollo de Cassisi ahora es sobre la definición del diseño, y es que Luciano parece no sentirse cómodo con las ambigüedades y las incertezas del lenguaje. Lo que no sé cómo hace, es para apañárselas con las siempre deficientes definiciones de diccionarios. (más…)
La belleza de la tortura

La violencia y la muerte se consideran de por sí de mal gusto, júntelas y espantará a todas las buenas conciencias, compare estos suplicios con el arte y tendrá la desaprobación social garantizada. La violencia nos avergüenza, nos atemoriza. Nos molesta la muerte, nos ofende y nos indigna.
Cuántas veces ha querido matar usted al taxista cafre que se le cierra en pleno tráfico matutino, o torturar hasta la muerte a su intransigente jefe por andarle pidiendo las perlas de la virgen para antes de la hora de la comida. (más…)
Fotochoperos musicales
Las personas somos rete simpáticas, todo una muchedumbre esquizofrénica llena de dulzura e ingenuidad. Siempre queremos que las cosas sean más fáciles, pero cuando por fin lo son, nos quejamos de que son demasiado fáciles y de que ahora cualquier tarado podrá hacer lo que antes estaba reservado a una élite de genios creadores.
Ser viejo es una cuestión de discursos
Nuevamente Foro Alfa, una publicación en línea que leo con frecuencia me da de qué hablar.

Ahora es por el “viejo” artículo de Juan Carlos Darias. Le digo “viejo” porque, independientemente de la edad de Darias o de la fecha de publicación, el artículo habla como un clásico estereotipo de vejez, un discurso que desprecia todo lo nuevo, lleno de prejuicios y evidenciando una absoluta incapacidad de aceptar la innovación y el cambio.
Hace ya unos años me tocó estar plaicando precisamente del mismo tema que Darías: los “malditos” celulares, los “cochinos” mp3, etc. Estaba yo en una cena con unos amigos a la que había llegado un famoso grabador mexicano, me sorprendió muchísimo ver a un artista hablar enfurecido contra la modernidad, tildar de “destrucción de lo humano” a la tecnología y los nuevos medios.
Darias y aquel artista mexicano no son unos tarados. Se han dado cuenta de que las nuevas tecnologías han cambiado radicalmente el modo de comunicarnos, no sólo los medios: la imagen, el sonido y los textos han cambiado; lo más sorprendente es que han surgido nuevas formas de comunicación. Pero hablan “como viejos”, incapaces de aceptar que esos cambios son tan humanos como la guerra y el arte, tan útiles como lo fue la imprenta.


