Coqueteos con la ciencia

Después de mis últimos comentarios acerca de la ciencia, no dudo que alguno lector piense que soy uno de los enemigos personales de las academias y universidades. Lamento no darle toda la razón a tan perspicaz lector, tengo mis problemas con la estructura académica, sobre todo con la sobrevaloración de los certificados (títulos y anexos) y con el fanatismo cientificista, pero la ciencia sigue siendo uno de los puertos más agradables por los que he pasado. Comencé, hace muchos años, una inexistente carrera científica en las áreas biológicas. Los caminos de la vida, sin embargo, son como los de la isla de Ítaca.
Estaba yo terminando de dar mi clase (torturo ocasionalmente a unos chamacos con algo de matemáticas). Un doctor me detuvo en el clásico pasillazo, platicamos un poco de los alumnos, de los cambios en el instituto y sin saber cómo, llegamos al tema que me llevó, hace muchos años, cuando era joven y pensaba en ser un gran científico, a ese mismo edificio: el DNA, el misterioso y complicado código genético. (más…)
Los nuevos ecolocos

¿Se acuerda usted del Ecoloco? Si no se acuerda es porque usted no es mexicano o es usted muy joven, los mexicanos rucones recordamos con un dejo de nostalgia a aquel clochard fresa que cantaba:
Yo soy el loco Ecoloco,
soy el destructor siniestro
Amo el ruido y el “smog”;
agua y jabón yo detesto
Yo, Ecoloco
tumbo arbolitos
junto con flores
y pajaritos…
En esas épocas, lo de la ecología era un asunto de vanguardia, trataban de enseñarnos a los chamacos a no tirar basura y no usar sprays culpables, desde entonces, de los agujeros de la capa de ozono. (más…)
Espejismos ateos
Últimamente se ha puesto de moda ser ateo, y se ha redefinido precisamente eso de ser ateo. Cuando yo era niño, un ateo era alguien que no creía en nada, si es que eso puede existir.
En la Ciudad de México los ateos éramos minoría, y éramos otra cosa muy distinta de lo que hoy se podría creer. Recuerdo haber tenido discusiones bastante injustas con algún profesor de los primeros años de primaria que me insistía en que no era posible una concepción del mundo sin Dios. El pobre hombre no tenía la menor idea de cómo era posible que un chamaco pudiese vivir una vida casi normal sin creer en Dios; peor aún, sin estar bautizado.
Crecí así, sin Dios y sin rosarios, sin iglesias y sin ostias, pero sobre todo, sin religión, es decir, sin proselitismo de ningún tipo. Mis padres creían, ingenuos, que a un niño había que dejarlo escoger su religión, y por ello, simplemente no nos educaron en ninguna. Resultado, un par de adultos incapaces de creer en Dios o en cualquier otra cosa, pero sobre todo, incapaces de odiar la religión.
Yo no me liberé de la religión, nunca me tuvo ni de huésped ni de prisionero, no tuve que escaparme de Dios ni hacer toda una maroma freudiana para odiarlo y poderme emancipar. Nací sin religión, eso fue todo. Me imagino que esta extraña educación me ha evitado odiar a los curas y a las señoras que van a misa los domingos. Judíos, cristianos, musulmanes, lo que sea, me dan un poco lo mismo en cuanto a prejuicios se refiere, no le tomo manía a la gente por su credo anunciado, sólo tengo mis reservas con los fanáticos, vengan de donde vengan, profesen lo que profesen, sobre todo si son fanáticos ateos o “ateos evangélicos” como los llama John Gray. (más…)
Yo sólo sé que no puedo saber nada
Eso de decirle a la gente que no revuelva peras con manzanas es una metáfora que algunos individuos no pueden entender. Curiosamente algunos de estos, son personas que entienden bastante de matemáticas, aunque entiendan poco para qué sirven y de qué hablan las matemáticas.
Mucha gente cree que las matemáticas son algo así como la ciencia por antonomasia o más aún, la base fundamental de tosas las ciencias, nada más lejos de mi verdad y nada más cerca de la verdad positivista.
Verá usted, en este tipo de cosa, hay que tomar partido, o se cree una cosa o se cree la otra (o no se cree ninguna, en cuyo caso, esta discusión pierde su sentido por completo, y como somos bien discutidores, vamos a ignorar esta tercer posibilidad). Yo tomo partido, como es fácil de imaginar, por aquello de que las matemáticas y la realidad son dos cosas que nada tienen que ver una con la otra, agua y aceite, como dicen. Acomodando la Aeron para observar desde ese punto de vista es que escribo mis opiniones. (más…)



