Coqueteos con la ciencia

Después de mis últimos comentarios acerca de la ciencia, no dudo que alguno lector piense que soy uno de los enemigos personales de las academias y universidades. Lamento no darle toda la razón a tan perspicaz lector, tengo mis problemas con la estructura académica, sobre todo con la sobrevaloración de los certificados (títulos y anexos) y con el fanatismo cientificista, pero la ciencia sigue siendo uno de los puertos más agradables por los que he pasado. Comencé, hace muchos años, una inexistente carrera científica en las áreas biológicas. Los caminos de la vida, sin embargo, son como los de la isla de Ítaca.
Estaba yo terminando de dar mi clase (torturo ocasionalmente a unos chamacos con algo de matemáticas). Un doctor me detuvo en el clásico pasillazo, platicamos un poco de los alumnos, de los cambios en el instituto y sin saber cómo, llegamos al tema que me llevó, hace muchos años, cuando era joven y pensaba en ser un gran científico, a ese mismo edificio: el DNA, el misterioso y complicado código genético. (más…)
Los genes entre los libros
![]()
Todo comenzó con una barrabasada que dijo no sé ni cuando la Reina Sofía. Algo de que a los chamacos hay que enseñarles religión desde muy peques para que tengan respuesta a esas preguntas de “¿cómo surgió la vida?” y otras parecidas.
El asunto no habría tenido nada mencionable si no es porque un personaje llamado Hiro a quien puedo llamar amigo hizo una mención de las tarugadas de la reina en un comentario a uno de los libros más famosos de un inglés positivista creador de lo que hoy llamamos sociobiología.
Supongo que yo no estaba muy consciente de lo que hacía y se me ocurrió agregar un comentario al de Hiro en el que manifestaba mi voto a favor de dejar a los chamacos sin pedagogía religiosa, pero mencionaba mi poco aprecio por el inglés autor del libro.
Así comenzó lo que hasta hoy ha sido una discusión muy interesante entre un inteligente defensor de las ideas del gen egoísta y un servidor empecinado en explicar mi desagrado por el libro, por el autor y sobre todo, por las teorías que éste sostiene.
Si usted no tiene nada que hacer un día de estos y quiere leer cosas que no tienen que ver con computadoras, le invito a ver la discusión en aNobii, una red social dedicada a los libros y que me parece una de las mojeres de este tipo.
La no máquina de Wittgenstein
¿Alguna vez habrá pensado Ludwig Wittgenstein en crear una máquina que pudiese entender sus aforismos?



