La belleza de la tortura

La violencia y la muerte se consideran de por sí de mal gusto, júntelas y espantará a todas las buenas conciencias, compare estos suplicios con el arte y tendrá la desaprobación social garantizada. La violencia nos avergüenza, nos atemoriza. Nos molesta la muerte, nos ofende y nos indigna.
Cuántas veces ha querido matar usted al taxista cafre que se le cierra en pleno tráfico matutino, o torturar hasta la muerte a su intransigente jefe por andarle pidiendo las perlas de la virgen para antes de la hora de la comida. (más…)
Encontrabilidad y libreros
Ya lo sabe usted, a mi eso de encontrar me emociona mucho, como a casi todo el mundo, y me decepciona y frustra que las cosas no aparezcan por ningún lado. A veces no hay de otra, a veces uno entiende, pero a veces las cosas tienen una pinta de estar todas patas arriba.
Hace cosa de un mes andaba yo buscando un libro para regalárselo a un amigo. Se trata de una traducción muy bien editada presentada en español con el título “la historia del dodo” de Malcolm de Chazal. Hace años yo me topé con éste librito en la Gandhi y lo compré, ahora quería comprarlo para regalo navideño pero no hubo manera, en México las librerías van de catálogos y si no está en la máquina es como si no existiera. En Gandhi, cuando pregunté, el vendedor me dijo “ese autor no existe” cuando la máquina le devolvió un “no results” en la pantalla.
Cuando yo iba a la vieja Gandhi, donde aún no tenían computadoras y los viejos ajedrecistas jugaban sobre los libros, la sensación de buscar libros era totalmente distinta. Uno se perdía en los pasillos de libreros recorriendo los títulos sin que nadie le molestase. Si la búsqueda no arrojaba ningún buen resultado iba uno a preguntar a los vendedores. Recuerdo a uno que se llamaba o le decían Tomasito, un hombre entrado en años que se la pasaba haciendo chasquidos con la boca y que sabía dónde estaban y dónde no estaban todos los libros: “ese ya no lo editan, lo puede buscar en las calles del centro”, “lo tengo en Seix Barral o en el Fondo” o “me llega en quince días, pedimos cinco”. (más…)
Leyendo El ojo del observador
Concluye Maturana en su artículo “La ciencia y la vida cotidiana: la ontología de las explicaciones científicas”:
“El hecho de que existamos en el lenguaje y que constitutivamente no podamos existir fuera de él porque estamos constituidos en él, y por el hecho de que al ser en el lenguaje sólo generamos experiencias en el lenguaje, no es una limitación en nosotros, sino por el contrario, es la condición que hace posible la ciencia como un ámbito explicativo tal que cualquier cosa que produzcamos en él se convierte en una parte de nuestra existencia como seres humanos. En realidad, el hecho de que por existir en el lenguaje nuestro ámbito experiencial debería ser un dominio de clausura del que no salimos y no podemos salir, aparece como una limitación sólo si pensamos que deberíamos ser capaces de referirnos a una realidad independiente.”
Las negritas son mías.




