Encontrabilidad y superstición

La ventaja y desventaja de leer dos libros a la vez es que con frecuencia se nos revuelven las ideas de uno con las del otro.

Permítame recomendarle, antes que diga yo cualquier otra cosa, los dos libros que me invitaron a escribir esta nota. Se trata del famoso “¿Es real la realidad?” (Wie wirklich ist die Wirklichkeit?) de Paul Watzlawick y de “Ambient Findability” de Peter Morville.

De primera instancia no parecen libros parecidos y me atrevo a pensar que no es común que sean vecinos del mismo librero, aunque en mi opinión, después de haberlos leído por supuesto, tienen los mismos temas, cada uno a su modo pero con encantadoras coincidencias.

La coincidencia que me ocupa en este momento es entre la encontravilidad de Morville y la superstición de Watzlawick.

Y dirá usted, ¿Qué cuernos tiene que ver encontrar algo con la superstición? Téngame un poco de paciencia que para allá vamos.

Cuando se trata de buscar información, de encontrarla, uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos no es la falta de precisión de Google, o al exceso de información en la Web, sino a nosotros mismos. Para encontrar información en la Web hay que tomar decisiones, y a la hora de decidir nos comportamos de una manera sumamente supersticiosa, no importa de qué se trata la decisión.

A cerca de la irracionabilidad en las decisiones, Morville menciona 5 trampas que más bien son nuestras estrategias naturales de comportamiento:

  • La primer información que encontramos ejerce una gran influencia en la decisión.
  • En la búsqeda de información buscamos inconcientemente aquella que confirma nuestro previo punto de vista (la paradoja del observador de Watzlavick).
  • La repetición de la misma información en distintas fuentes afecta la memorabilidad, el juicio y la creencia acerca de la misma.
  • En general buscamos razones para no cambiar o no hacer nada.
  • Tomamos decisiones que justifican elecciones pasadas, incluso si fueron errores.

 Esta manera de buscar y de actuar con lo que encontramos no se refiere sólo a la información que buscamos propositivamente en Internet, sino a toda la información que podemos recibir por cualquiera de nuestros sentidos.

Déjeme contarle un cuento de ratas que cuenta Watzlavick:

“Se abre la jaula de la rata frente a un espacio de unos tres metros de longitud y medio metro de anchura; en el otro extremo de este espacio hay una escudilla de comida. Diez segundos después de abrirse la jaula cae comida en la escudilla, suponiendo que la rata haya invertido diez segundos en llegar desde la jaula al recipiente. Si tarda menos de diez segundos, la escudilla permanece vacía.”

Seguramente el lector ya se imagina lo que pasa con la rata. El hábil animal se da cuenta de que la comida no cae siempre en el recipiente, pero en su primera confusión no atina a darse cuenta de que se trata de una cuestión sólo de tiempo y comienza a comportarse de modo supersticioso. Algunas ratas darán vueltas, cada vez más perfectas, antes de llegar, quizá pensando que si dan estas vueltas hacen que caiga la comida ignorando que es el tiempo que tardan en dar las vueltas lo que el Dios de bata blanca observa. Algunas otras quizá caminen en zig zag, o caminen despacio, o se inventen cualquier otra cosa, pero todas asocian algún comportamiento con la caida del alimento y se esfuerzan por perfeccionar la acción que les da de comer.

Y a todo esto, ¿se ha observado usted mismo usar una computadora?, ¿Se ha puesto a pensar en como usa Google? No se usted, pero al menos yo, veo una gran relación entre las “trampas” de la toma de decisiones, la historia de la rata y mi manera de buscar información en Internet.

 Somos buscadores supersticiosos, y por ello las compañías se esfuerzan por aparecer al principio en las búsquedas de Google, y es que la primer página que visitemos es quizá la única que visitemos en esa sesión.

Entre más páginas nos digan que el desarrollo orientado a pruebas es lo mejor que le ha pasado al mundo de la programación más lo creeremos, no importa tanto si es cierto o no. Ahora que si usted dirigió algún proyecto con metodologías tradicionales, probablemente ignorará todas estas páginas y encontrará sólo aquellas que hablen de metodologías tradicionales o que hablen mal del desarrollo orientado a pruebas (si usted no sabe de que estoy hablando, cambie los nombres raros por algo de su medio y reconstruya el ejemplo, como diría un maestro que tuve, los sustantivos son mudos, puede usted sustituirlos libremente).

Sin discutir las ventajas evolutivas y de supervivencia diaria que tiene éste comportamiento supersticioso o las trampas de las decisiones, algún provecho más conciente seguro que si podemos sacar y hemos sacado. Por ejemplo, si usted está usando un sistema y en la pantalla hay un botón que “parece” una impresora, usted no lo presionará a menos que desee imprimir, y si al activarlo no se imprime algo, usted pensará que el sistema no funciona, no importa si el botón no sólo no estaba programado a imprimir nada, sino que además puede que no se tratase de una impresora.

El símbolo de impresora que tenemos en la mayoría de los programas de computadora es un mero símbolo, algo de lo que hemos aprendido que se “parece” a una impresora, pero si lo mira usted con cuidado se dará cuenta de que podría tratarse más bien de un platillo volador, un camión repartidor de gansitos o cualquier otro objeto que su oscuro subconsciente le haga recordar. Pero el asunto con el botón ese no es qué parece, sino como interactuamos con él; como interactuamos con los tachesitos rojos de la esquina de las ventanas, con los triángulos que “quieren decir” ejecutar o tocar música.

Como ya se habrá dado cuenta, mi cuento son las máquinas, y no puedo dejar de mezclar eso de la encontrabilidad y la superstición con las computadoras y su “comunicación” con lo seres humanos, con usted, conmigo, con los niños, con quienes apenas saben como mover el mouse, con quienes las programan.

 Son estos comportamientos humanos respecto a la información y a la manera de usarla y encontrarla los que comúnmente se descuidan a la hora de planear una página de Internet empresarial, o un software, y aún en los casos en los que sí se toma en cuenta esta parte de la naturaleza humana, poder evitar las trampas y las supersticiones es en la práctica imposible. Lo único que podemos intentar es evitar que nuestros usuarios caigan demasiado en ellas, ayudarles a sortear estos “malos” hábitos y utilizar estos mismos “malos” hábitos para facilitar el uso del sistema incluso a quien no le es tan natural el uso de una computadora (quizá convendría platicar aquí de los juegos de computadora).

2 thoughts on “Encontrabilidad y superstición

  1. Saludos.

    ¿No estas de algún modo describiendo la habilidad de reconocer patrones?

    Es parte fundamental de nuestra inteligencia el reconocer dichos patrones, incluso cuando objetivamente no existen o no son más que el resultado de la asociación libres de ideas.

    Muchas veces vemos algo y establecemos un patrón (con mecanismos como los que señalas) y las acciones que resultan de tomar en cuenta el patrón son útiles. La rata tiene razón entonces: dar vueltas es causa de la comida. Aún cuando desde el punto de vista de nosotros ha actuado bajo el influjo de la superstición.

    Desviando un poco el tema pienso que es cosa del funcionamiento de nuestra mente, pero también, es cosa de las premisas que tengamos. Un poco el cristal con que se miran las cosas. Después de todo, el propio investigador de estos asuntos ha descubierto un patrón en lo que ha visto… ¿como podemos estar seguros que no ha aplicado el mismo un pensamiento supersticioso o incompleto?

    Estamos hablando.

  2. Nada más cierto, querido Iván.

    Precisamente Watzlavick es uno de los promotores del pensamiento de un viejo constructivista que decía lo mismo que tú: El observador no puede evitar ser observador y hacer su observación a “su modo”. El viejo von Forster planteó más claro que nadie lo que él mismo llamaría “el dilema del observador”.

    Simplemente no hay manera de saber qué tan supersticioso es el investigador con respecto a la rata. Ni siquiera el mismo investigador podría dilucidar algo al respecto.

    Ese famoso cristal que hace virar las cosas de forma y color es nuestra observación. No podemos evitar, como decía Lacan, ser sujetos observadores, ser subjetivos.

    Creo que el chiste es que la observación es, a fin de cuentas, una forma comunicativa más, donde vemos ese comportamiento de retroalimentación infinita estilo el huevo y la gallina que ha descrito tantas veces Gregory Bateson en sus estudios sobre la formación de las culturas. El comportamiento de un sujeto influye en el de otro que a su vez influye en el del primero.

    Esa habilidad que tenemos de observar patrones y de reconocerlos, pero sobre todo, de equivocarnos y de “malinterpretar” es lo que nos hace tan dependientes de nuestra comunicación y de nuestra observación.

    A cuento de todo esto recuerdo un experimento que hicieron en Canadá sobre los falsos recuerdos: Un grupo de personas voluntarias entregaron un set de fotografías de su infancia a los investigadores. Una semana después volvieron a explicar las fotografías. A los sujetos se les pidió que durante esa semana no vieran fotografías de su infancia ni platicaran de ellas con nadie. Entre tanto, los investigadores colocaron una fotografía falsa donde ponían a los sujetos junto a su familia en una canastilla de globo. Cuando se les pedía que explicaran esta fotografía, todos dudaron bastante y no lograron decir mucho de ella. Se les pidió que pensaran en todas las fotografías que habían visto y que volvieran en una semana. Al regresar, la mayoría de los entrevistados “ya recordaban” el evento del globo, cada quien inventando lo mejor que podía un propio y consistente recuerdo. Nadie dudó de la sinceridad de los sujetos del estudio, pero después de este experimento, creo que todos podemos dudar de nuestra propia memoria.

    Un saludo,

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