Estar y estar no son la misma cosa

Varias veces he discutido el problema de la diferencia de dominio en términos del lenguaje que se utiliza, viendo al lenguaje como un reflejo de la cultura subjacente al dominio.

Un ejemplo que surgió en una de mis múltiples pláticas con Roberto fue con la ambigua palabra “estar”.

Cuando decimos que un libro, un libro normal, de papel, impreso, está sobre la mesa es muy fácil entender que es lo que se está diciendo, pero cuando un libro electrónico, digamos en formato PDF, está en la computadora ya no es tan claro a qué nos estamos refiriendo, sobre todo cuando el libro se está desplegando en la pantalla de una computadora. ¿Dónde está el libro?, ¿En la pantalla? ¿En el disco duro? ¿En la memoria RAM? ¿En el procesador? Si está en el disco duro, ¿en qué parte concreta está? ¿Tienen sentido estas preguntas?

Recordemos por un momento el ejemplo atribuido a Wittgenstein sobre los llaveros y el dolor de cabeza: puedo decir que tengo un llavero igual que puedo decir que tengo un dolor de cabeza, sin embargo, puedo decir que dejé el llavero sobre la mesa y no puedo decir lo mismo del dolor de cabeza.

Volvamos al ejemplo de los libros, es evidente que el verbo “estar” se refiere a dos cosas muy distintas en un caso y en el otro. En el caso del libro físico, estar en algún lugar tiene un uso y una estructura relacional en el lenguaje que nos permite localizar un lugar físico específico donde se encuentra el libro, en el caso del libro electrónico, “estar” no tiene nada que ver con un lugar físico, sino más bien, con una forma relacional entre la “máquina” como entidad y el libro, el libro está en la máquina, pero eso no quiere decir que esté en un lugar físico específico de la máquina, sino únicamente que se relaciona de cierta manera con la máquina, el lenguaje parece ser el mismo y las palabras también, sin embargo, su estructura relacional es muy diferente, su uso no es del todo igual.

Estos usos distintos, estas redes relacionales del lenguaje son las que al final le dan forma y cohesión al lenguaje, son las que le dan su sentido, son la cultura subyacente en el “diccionario” de usos permitidos.

Lo mismo sucede con otras o todas las palabras cuando se está dentro de un dominio específico, y la comprensión de esta cultura subyacente es lo que nos permite comunicarnos con nuestros colegas y lo que hace que estas conversaciones parezcan incomprensibles para personas de dominios ajenos a pesar de que usamos el mismo lenguaje natural unos y otros, y es que en términos más estrictos, no estamos hablando el mismo lenguaje, aunque así lo parezca.

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