Después de la Coleta del Barón de Muchhausen

Como todo lo bueno en la vida, también los libros terminan por terminarse de leer. Y justo eso nos pasó a la “Coleta del Barón de Munchhausen” de Paul Watzlawick y a mi, y digo nos pasó, porque para que un libro sea terminado de leer hace falta el tipo que lo termine de leer.

He de confesar que pocas veces me he sentido en desacuerdo con el autor de la “Teoría de la comunicación humana“, pero en este libro las cosas cambiaron un poco, sobre todo al final, que un Epílogo catastrofista me enfrentaba a presagios bastante obscuros sobre el futuro de la humanidad.

Resulta que Watzlawick ya se murió y el libro del que estamos hablando lo escribió antes de ver a este nuevo siglo XXI comenzar sus primeros pasos y darse los primeros golpes. Tampoco pudo ver lo que está pasando con la Web Social ni con los videojuegos ni con Google ni la Wikipedia ni los motores de recomendación de Amazon ni con los celulares y los mensajes SMS ni con todas esas cosas que ahora nos inundan.

Watzlawick cita a Lübbe para respaldar su temor de que los niños modernos crezcan en un ambiente deshumanizado, que obligará a los maleables infantes a hablar como máquinas y a interactuar con esas tostadoras frías y sin sentimientos. Resulta que el siglo XXI ya tiene algunos añitos y los escuincles modernos no han dejado de ser ni una pizca de humanos, siguen queriendo jugar, siguen queriendo comunicarse con los demás, la diferencia es que ahora los niños pueden usar sus celulares, mandarse fotos, mensajes, platicar por el Messenger, poner las fotos de sus celulares en sus blogs, y otro montón de cosas que los niños de antes ni siquiera podíamos imaginar.

No veo como los videojuegos o la Internet puedan hacer más daño del que ya ha hecho la Televisión, de hecho, estoy convencido de que estos nuevos medios están ayudando a que la Televisión no se convierta en el único sistema educativo de nuestras culturas.

Tampoco creo que la Televisión sea tan destructora, es cierto para muchos humanos, la Televisión es la que dice qué se ha de querer, cómo se ha de querer, cuándo se ha de querer; pero siempre hay suficientes irreverentes que se niegan a aceptar los dictámenes de esos muchos Grandes Hermanos como para que exista una cultura alternativa rica y llena de colores.

Respecto a los videojuegos y las computadoras, me temo que mi desacuerdo con Watzlawick es total. No soy un gran aficionado a los videojuegos, pero en los últimos años podría decir que me he convertido en un jugador social, es decir, que sólo juego con mis amigos en pequeñas reuniones donde llevamos laptops y comida chatarra para aguantar un par de horas.

Lo que puedo decir de los videojuegos es que son terriblemente humanos, no sólo en lo que a temas se refiere (la violencia en los videojuegos es sólo un reflejo de nuestra forma de ser, y no al revés), sino en todo. Para empezar, muchos juegos tienen formas de multi jugadores tanto en red local como en Internet, donde la gente convive, donde los jugadores no son computadoras, sino seres humanos posiblemente sentados uno al lado del otro. Si bien es cierto que esta forma de comunicación es nueva, no por ello podemos atacarla como una depravación del ser humano.

Respecto a la violencia que supuestamente generan los videojuegos, no conozco ningún otro país con tanta violencia “ciudadana” como los Estados Unidos, donde se juegan, es cierto, cientos o miles de videojuegos violentos, pero resulta que los mismos videojuegos se juegan en el resto del mundo, y los adolescentes canadienses o mexicanos no andan matando a sus compañeritos de la escuela.

Al igual que muchos otros, creo que la violencia en los Estados Unidos no está generada por los videojuegos, sino por su sociedad, por sus redes relacionales de las que el mismo Watzlawick habla, y no por el hecho de jugar a matar monitos en la computadora.

Que las computadoras estén creando seres humanos más fríos y menos humanos me parece no sólo imposible sino absurdo. Los humanos nunca podremos dejar de ser humanos, no nos queda de otra, para bien o para mal.

De hecho, me parece que los esfuerzos en el medio de la informática y de la electrónica están encaminados a hacer a las computadoras más humanas, por lo menos a hablar más humano. Por eso vemos las interfaces que vemos, por eso ahora los niños y los viejos pueden usar celulares y mandar mensajes SMS y usar cuentas de correo y buscar cosas en Google. Las cosas, nuevamente, están cambiando, pero no nos estamos deshumanizando, estamos adquiriendo nuevas formas comunicacionales, nuevas formas de interacción y de relación, y es que los humanos, como bien lo dice Watzlawick , no podemos no comunicarnos.

Con todo, a pesar de este desafortunado Epílogo, el libro me ha mantenido emocionado durante el tiempo que duró su lectura y no podría dejar de recomendarlo a quien pase por aquí.

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