Ciro recuerda a Aristegui y yo me acuerdo de otras cosas.

El día de hoy (14 de enero de 2008) Ciro Gómez Leyva escribió una pequeña pero significativa nota en el diario Milenio que recuerda la pasada despedida de Carmen Aristegui de su programa de radio.

http://www.milenio.com/mexico/milenio/imprime.asp?id=585143

 

Lo más curioso de todo es, precisamente, que la intolerancia al disentimiento y al “escepticismo”, como lo llama Ciro, es ahora ejercido principalmente por los autoproclamados “defensores” del libre pensamiento, la libertad de expresión, la tolerancia y el derecho a la diversidad.

Por poner algunos ejemplos:

La Poniatowska, el Monchi y todos los Procesos, incluyendo a todos aquellos que viven y han hecho su carrera partir del martirologio del 68, que aseguran, sin ninguna prueba por supuesto, que en 68 murieron miles de inocentes a causa de la represión del gobierno, y que de esos miles, muchos miles más murieron el 2 de octubre en Tlatelolco. Por supuesto, disentir en este caso es la forma más rápida de ser llamado fascista, promotor de la represión, antilbertario y no sé cuantos adjetivos más.

Nuestro queridísimo Peje y sus discursos, primero sobre el innombrable, después sobre el Fobaproa (que ha logrado combinar muy bien con su primer amor: Salinas), en 2006, como bien menciona Ciro, sobre las elecciones y el “mega fraude” y ahora con lo del petróleo y el TLC.

En la UNAM, los que vivimos la famosa huelga contra las cuotas de Barnés pudimos convivir de cerca con personajes del estilo, pasando por ahora dirigentes del PRD (…que raro), y por personajes ejemplares como Javier Fernández, la Pita y otros dinosaurios de la “grilla” universitaria. De esas épocas recuerdo incluso que un ayudante (del que prefiero omitir el nombre) casi nos reprueba por tener opiniones en contra de la Huelga.

Ni qué decir de los grandes próceres de la intolerancia: Hitler (Nacional Socialismo), Mao Tse-Tung (Partido Comunista Chino) y Stalin (Partido Comunista Soviético).

Sin dejar de lado a quienes hoy en día ejercen su oficio inquebrantables: el defensor número uno de la libertad, el comedor de pretzels, Jorge Bush; y su mejor enemigo y fiel seguidor ideológico Hugo Chávez.

Es triste que en la naturaleza del ser humano anide semejante contradicción, pero más triste que no logremos eludir la lúdica profecía de Maurice Jolý de 1858 en sus “Diálogos en los infiernos entre Maquiavelo y Montesquieu” que algún otro “defensor de libertades” y estudioso de conspiraciones y complós tradujo al ruso, dando vida a los conocidos “Protocolos de los Sabios de Sión”.

 

“Si los hechos no concuerdan con la teoría, ­­—tanto peor para los hechos.”

Hegel

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