Provocar vende

Es un hecho curioso que algunas personas no sólo se dejan usar por otros (provocadores), sino que además se apasionan en esa lucha cuyo propósito inicial era la recaudación de publicidad gratuita.

 

Uno de los ejemplos más famosos es el de aquel artista canadiense Rick Gibson que en 1990 montó un dispositivo mediante el cual aplastaría una rata con un bloque de concreto. La rata nunca llegó a morir aplastada y Rick Gibson se llevó una pedrada en la cabeza cuando los habitantes de Vancouver amantes de los roedores “liberaron” al animal. El artista pagó caro el precio de su provocación, tuvo que mudarse de apartamento, pero consiguió lo que quería, una fama rápida y duradera.

Ahora otro artista busca catapultarse desde la ignominia hasta las galerías neoyorquinas con la ayuda de un perro llamado Natividad. Su obra consistía en mostrar un perro famélico morir de hambre en una galería de arte. La ventaja de Guillermo Vargas “Habacuc” es que a él le toco el mundo de la Web 2.0, con todo y Facebook y blogs y esas cosas. Al igual que con Gibson, ahora hay una gran cantidad de personas ofendidas por la obra “de arte”. Y como suele pasar en Internet, ya nadie sabe bien a bien qué pasó. Unos dicen que el perro sí era alimentado y escapó, situación que aprovechó el “artista” para anunciar que había muerto de inanición, lo que provocó las naturales críticas del público. Otros dicen que el perro efectivamente murió en la galería por falta de alimento.

Tanto con Habacuc como con Gibson, fueron sus detractores, los ofendidos, los que les regalaron la fama. La provocación funcionó a las mil maravillas, independientemente de que los animales involucrados hayan muerto o no.

Pero el arte no es el único que ha aprovechado la técnica de la provocación, los políticos sin duda la han llevado a niveles “artísticos”. Déjeme recordar, a modo de ejemplo, aquella telenovela de la política mexicana que protagonizaron el Peje, entonces jefe de gobierno del Distrito Federal, y Fox, que por esos años era presidente de la república. El Peje, un carismático y populista político del Partido de la Revolución Democrática, aprovechó una serie de acontecimientos para provocar al Gobierno Federal, quien, “inteligentemente” comenzó un juicio de desafuero en contra del mandatario local. Nunca se había visto en México un despliegue de medios tan grande como el que vimos en la cobertura del famoso “desafuero”. Hasta en los bares y restaurantes colocaban mantas que decían “Juicio de desafuero en vivo” como si se tratara de una final de fútbol o un campeonato de boxeo. Sin duda gran parte de la fama del Peje, incluso de sus votos en la posterior elección presidencial, fueron consecuencia de las acciones realizadas por el gobierno de Fox para “atacar” a su enemigo.

Casi podría uno pensar en las enseñanzas de las artes marciales orientales, con la diferencia de que aquí el enemigo es fabricado y provocado. Nada más fácil que hacer algo que atente contra las buenas conciencias o contra cierta ideología, sin caer en la absoluta ilegalidad. Un genuino y despreciable, pero lucrativo, acto de Lifemanship.

La provocación es sin duda el modo más radical de la “rebeldía” como estrategia de marketing. Y aunque puede ser un poco dolorosa cuando los ofendidos se lanzan a arrojar piedras, es sin duda más efectiva.

Lo interesante de todo esto es que la ingenuidad de los ofendidos, provocados y rebelados es bastante predecible y capitalizable. Joseph Health y Andrew Potter en su ya famoso “Rebelarse vende” dan un tratamiento sin duda subjetivo y un poco “izquierdoso” pero muy inteligente al asunto.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s