A veces hay quien no entiende de lo que escribe

Hace poco más de un mes compré en Amazon el libro “Emergence” de Steve Johnson, un poco por curiosidad ante el subtítulo del libro (“The connected lives of ants, brains, cities and software”) y un poco porque me da por hacerle caso al motor de recomendaciones de ese sitio.

Hace como dos semanas comencé a leer el mentado libro y me emocionó un poco el primer capítulo, sobre todo por la mención de un fenómeno de “edad” en los hormigueros y de los trabajos de morfogénesis de Turing.

Las cosas comenzaron a ir mal cuando llegué a eso de las ciudades, donde no todas las referencias que menciona Johnson parecen tener que ver con comportamientos emergentes, pero nunca imaginé la decepción que me esperaba al leer la tercer y última parte del libro donde la incongruencia y la contradicción no dejaron de aparecer.

Ya de por sí era un mal presagio no ver mencionados personajes como John von Neumann, Ludwig von Bertalanffy, Humberto Maturana, Francisco Varela, Heinz Von Foerster y Gregory Bateson entre muchos otros.

El juego de la vida es el gran ausente de este libro, pero eso sí, no nos deja de recomendar videojuegos de EA Games como SimCity y los Sims. Para el autor, experimentos como Poliworld simplemente no existieron, pero eso sí, abunda en recordarnos lo maravilloso que es el sistema de recomendaciones en eBay y Amazon.

Pero más allá de las ausencias, son las incongruencias lo que termina por convertir a este libro en uno de esos manojos de hojas que uno lamenta haber leído.

Por poner un ejemplo, menciono el asunto de la “lectura de mentes”, que según Johnson es la característica que nos ha permitido a los humanos ser lo que somos. De pronto, un libro sobre emergencia comienza a hablar de un principio explicativo por lo más esotérico acerca del “modelado de la mente de los otros”. Resulta que las neuronas, ejemplo por excelencia de sistemas auto organizados y de comportamientos emergentes, ahora tienen variedades especializadas en el “modelado de mentes” que explican esa cualidad humana tan especial que nos permite adivinar lo que piensan los demás a partir de sus expresiones no verbales. El autor no para aquí, pero yo no pienso transcribir íntegros los últimos capítulos del libro.

Una cosa es que me de gusto que comiencen a aparecer libros de difusión científica acerca de los comportamientos emergentes y los sistemas auto organizados y otra que no me queje cuando un libro no hace sino desinformar a los lectores (o provocarles una úlcera gástrica del coraje por perder varias horas de su vida leyendo semejantes sinsentidos).

Si usted aún no lo ha leído, considérese advertido, sobre todo si va más allá de la primera parte.

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