Genética en la cocina

Cada que veo la película de Blade Runner, en las escenas en donde Sebastian, el “diseñador genético” platica con sus bio-juguetes creados en la sala de su casa, me da por pensar que esas cosas sólo se le pudieron ocurrir al loco de Ridley Scott y al descuidado Philip K. Dick, pero resulta que se le está ocurriendo la misma idea a mucha gente en el mundo, y para colmo, lo andan poniendo en práctica.

No es que yo crea que sea posible en el futuro ver a “diseñadores genéticos” haciendo víboras artificiales en la comodidad de su cocina, pero no deja de ser interesante ver que la gente común y corriente ya se apunta de hobbista en la genética y la bioingeniería.

Resulta que estos aficionados a las pipetas que se auto nombran biohackers andan enfrascados en producir, desde búlgaros de yogurt que brillen cuando están en presencia de melanina (puede que usted no lo sepa, yo no lo sabía, pero la leche china contaminada que mató a artos chamacos tenía precisamente melanina), hasta tintas para tatuajes que brillen en la obscuridad. Además de estas empresas cuanto más razonables, seguro han de andar los fans de Lex Luttor y el Guasón tratando de hacer bacterias encantadoras para matar de amor a las chicas, o bichos productores de petróleo. Como sea, suena divertido, apestoso y viscoso.

Lo que más me ha gustado de la noticia de la existencia de estos bio-amateurs no es que la gente ande haciendo porquerías en su cocina, eso ya lo hacía cualquier aprendiz de chef, sino la existencia de un laboratorio comunitario en Massachusetts donde los hobbistas pueden ir a congelar gansitos en supercongeladores y centrifugar sus mocos en busca de la bacteria filosofal. Y es que esto de andar haciendo ciencia a la open source es una de las cosas más interesantes que podrían existir.

Que cualquiera pueda hacer ciencia no es una insensatez, sino una verdadera evolución en la creación del conocimiento. Las élites del conocimiento poco a poco tendrán que irse acomodando a un mundo cada vez global y abierto. Si bien es cierto que habrá muchos locos que sólo hagan batidillos en sus casas, también habrá los que se tomen en serio las cosas y produzcan conocimientos importantes sin la necesidad del título nobiliario que dan las universidades.

Al igual que con el software, donde el open source ha creado no sólo productos rentables y desarrollo científico computacional, sino sobre todo una cultura de cooperación social y propiedad comunitaria, creo que todos los espacios de la creación de conocimiento humano, desde la literatura y el periodismo, hasta la filosofía y la ciencia, se verán increíblemente fortalecidos con el ingreso de la gente común y corriente en las filas de creadores.

Lo siento por los periodistas, los escritores de oficio, los doctores y postdoctores, pero los blogueros, los biohackers y todo ese universo de personajes sin certificados ni autorizaciones oficiales pronto comenzarán a quitarles la chamba.

En vísperas de año nuevo le deseo, querido lector, un futuro de conocimiento abierto, donde la tolerancia no quiera decir igualdad, donde ser distintos nos llene de riqueza, donde valga más el saber que el papel.

Referencia: Aficionados a la ciencia pueden desarrollar ingeniosos inventos biotecnológicos desde casa Ensayan ingeniería genética en garajes DIYbio proporciona el equipo para crear desde vacunas hasta biocombustibles. Artículo en Milenio Diario.

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