Yo sólo sé que no puedo saber nada

Eso de decirle a la gente que no revuelva peras con manzanas es una metáfora que algunos individuos no pueden entender. Curiosamente algunos de estos, son personas que entienden bastante de matemáticas, aunque entiendan poco para qué sirven y de qué hablan las matemáticas.

Mucha gente cree que las matemáticas son algo así como la ciencia por antonomasia o más aún, la base fundamental de tosas las ciencias, nada más lejos de mi verdad y nada más cerca de la verdad positivista.

Verá usted, en este tipo de cosa, hay que tomar partido, o se cree una cosa o se cree la otra (o no se cree ninguna, en cuyo caso, esta discusión pierde su sentido por completo, y como somos bien discutidores, vamos a ignorar esta tercer posibilidad). Yo tomo partido, como es fácil de imaginar, por aquello de que las matemáticas y la realidad son dos cosas que nada tienen que ver una con la otra, agua y aceite, como dicen. Acomodando la Aeron para observar desde ese punto de vista es que escribo mis opiniones.

Pues bien, en el entendido de que las matemáticas y la lógica sirven para hacer matemáticas y lógica, y que la filosofía sirve para hacer filosofía y la ciencia, ciencia; eso de revolverlas es un asunto delicado, no apto para menores de edad. Se pueden mezclar, pero hay que saber hacerlo, es como hacer un cappuccino que quede separado en tres colores o hacer un revoltijo sin espuma, se puede, pero no a todos les sale.

Resulta que según Graham Collins de Scientific American, David H. Wolpert tuvo la genial idea de demostrar que el universo no es cognoscible para los seres humanos (En los artículos que se publican en la página de David H. Wolpert no aparece nada relacionado, y todo parece indicar que se trata de un prudente y productivo investigador, pero su publicación en Physica D lo mete en estos embrollos). Hasta aquí, todo suena razonable. El autor ni es el primero ni será el último con esta clase de rollo nihilistoide. Si nos dijeran que Wolpertde estas ideas es un filósofo, nos parecería la mar de normal y predecible, pero no lo es, y su discurso tampoco. Se intenta demostrar de manera lógica, matemática, que el conocimiento que podemos tener del universo siempre será incompleto debido a que siempre habrá algo que se nos olvide o que no hayamos observado hasta ese momento del desarrollo de la ciencia.

Para que esta tésis pudiese tener sentido necesitamos demasiados aprioris:

  • En primer lugar, necesitamos tener una buena definición, o más bien, una definición matemática de lo que es el conocimiento. Me temo que ya desde aquí las cosas no tienen solución.
  • Tenemos que suponer que sabemos también, matemáticamente expresado por supuesto, qué es el universo. Nuevamente tendremos que llamar al chapulín colorado para ver qué se inventa con esto.
  • Tenemos que asumir que las teorías científicas (el conocimiento) tienen una relación con el universo, pero no cualquier relación, necesitamos una relación independiente de los seres humanos, “objetiva”, digamos.

Lo que se olvida es que el universo se expande tanto como nuestra descripción de él, es decir, nosotros (más bien los científicos, que seguro usted y yo no hemos ayudado en nada en estos menesteres) creamos el universo que conocemos al crear el modelo (la ciencia) con el que hablamos acerca de él. Incluso si se pudiese describir el universo en términos matemáticos, lo que no tendría ningún sentido, la complejidad que tendríamos en esa descripción volvería loco al mismo demonio de Laplace. El universo es aquello de lo que hablan las ciencias, y las ciencias son, desde su principio y hasta su final, creaciones humanas, la realidad es una descripción, y la objetividad un ingenuo imposible como diría Glasersfeld.

Dudo mucho que a los científicos, positivistas o constructivistas o nihilistas o el -istas que les de la gana, les importe un comino si el universo pudiese ser o no cognosible por un demonio imaginario amigo de Collins, basta con que sepan que un ser humano, así solito, no es capaz ni de aprender tantas cosas ni de entenderlas todas; cuestión más de tiempo que de capacidad cerebral. Lo que la humanidad como grupo puede conocer ya es otro cantar, que tiene más que ver con la sociología que con las matemáticas, pues por más que se esfuercen Wolpert y sus amigos, seguirán existiendo un montón de ignorantes, fanáticos religiosos, libre pensadores y toda clase de alimañas anti positivistas que no podrán ser incluidas en sus cuentas.

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