El inconveniente de los números

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Estaba yo de curioso, viendo que se puede ver en aNobii, un sitio social para gente que le gusta leer y presumir lo que lee. En la sección de estadística de su “librero” podrá usted encontrar una pequeña sección de los libros y páginas totales que ha leído por año. En cuanto llegué al cuadro mencionado, hice un par de cuentas rápidas y pensé “¡Zaz! Este año he leído muy poco, tengo que leer más… lo que son los numeritos” y sí, lo que son los numeritos. Nunca en mi vida me había preocupado por cuanto leo, leía y punto, y de pronto, sin darme cuenta, ya estaba yo dándome cuotas de productividad lectora.

El aparente y esquivo problema se soluciona rápido, mandé a la goma la curiosa estadística y me prometí leer tanto como necesitara para sentirme a gusto, relajado, contento, desvelado, etc. y no lo necesario para cumplir una cuota de productividad. Los lectores, al menos algunos, no leemos libros por minuto, sino emociones por libro, que son dos “medidas” muy, pero muy distintas.

¿Por qué de pronto, al ver una estadística, nos vemos atrapados en una competencia contra quien sea, contra nosotros mismos si es necesario? ¿Qué es lo que nos impulsa a la competencia? Es como si las carreritas nos fuesen tan naturales que no podemos evitarlas. Pero también parece que esa “naturalidad” es una moda de estos tiempos. Queremos medirlo todo, saber cuánto cuesta todo, cuánto tarda, cuánto se usa. Queremos medir tantas cosas que, cuando nos ponen algo que se parece a una métrica, de inmediato la adoptamos y nos alineamos a ella.

No va mal medir las cosas, yo mismo soy un promotor del uso de métricas para casi todo, pero ese casi es muy importante, sobre todo lo es en aquello que no puede ni debiera ser medido. No podemos medir la confianza en la gente, la tristeza, la alegría, no podemos medir aquello que tiene que ver con nuestras emociones (las razones son muchas, y son cuento de otro post). Los libros, la música, los besos, los abrazos y otro montón de cosas tienen que ver, precisamente, con esas emociones inmensurables. Creo que es un error medirlo todo, y los sitios sociales son unos promotores espectaculares de este error. De pronto, medimos cuántos amigos tenemos, cuántos contactos tenemos, cuántos mensajitos nos ponen en Facebook, cuántos libros leemos, cuántas páginas leemos, como si nuestra calidad personal se midiera de esa manera tan cruda, tan reducida.

Pero no es culpa de los diseñadores de esos sitios, de hecho, ellos lo han puesto así, seguramente, porque nosotros, los usuarios, los seres humanos en general, así somos. Nos gusta medir, nos gusta compararnos, sentir que somos mejores a otros, que hemos mejorado con respecto a otros tiempos. ¿Qué es “más grande”, estar triste o estar asustado? ¿Qué es “mejor”, leer un libro que nos conmueve o reventarnos los ojos con un tratado de espeleología? Todo depende de a quién hace las preguntas, de a quién y de cuándo, y pasará a menudo que no importando el quién y el cuándo, no sea posible responderlas.

Las métricas están bien para saber a qué velocidad va el auto en el que viajamos, para saber cuántas líneas de código puede producir un equipo en un proyecto, cuánta energía eléctrica consumimos, etc. Allí están bien, midamos productividad laboral, pongamos números en la rentabilidad de un proyecto o de una empresa. Las métricas pueden ser útiles o pueden ser la forma más rápida de perder el placer. Las métricas nos acercan a los procesos, pero nos alienan de las personas.

La moraleja del cuento, que en este caso va más para mí que para usted, es que no podemos medir aquello que es inherente a las personas. Incluso en un ambiente laboral, lleno de pizarrones de productividad, hay cosas que no se miden, que requieren seres humanos que las interpreten: Cuando un miembro del equipo se siente excluido, no hay métrica que nos informe del problema, somos nosotros y nuestra intuición, mala o buena, los que debemos detectar el problema y buscarle solución, una solución que seguramente no pasará por las gráficas de productividad.

3 thoughts on “El inconveniente de los números

  1. Hacía tiempo no venía por tu blog y hoy me alegro mucho de haberlo hecho solo por este artículo (luego iré a los demás) Me parece que has enfocado muy bien las cosas, eso de contabilizar la vida nos ha atrapado a todos (no sé si tú has logrado huir) y a veces es bueno sentir esa sacudida para espabilarnos y despertar de la vida ajena que se nos impone. Me recordaste un cuento de Cortázar, en Famas y cronopios, en que a una persona le regalan un reloj y el autor genialmente explica como lo han esclavizado.
    Seguiré mirando tu sitio y … bueno, a mí hay que mandarme a callar.
    Un saludo desde Mi Librería.
    ADE

  2. Hace muchos años leí Momo de Michael Ende, desde entonces no he usado nunca reloj de pulsera, pero ahora con los celulares, traigo siempre un reloj en el bolsillo. Procuro no hacerle caso, pero a veces no hay manera y se tiene uno que apegar a los usos horarios. Sin embargo, no sólo los relojes nos han hecho víctimas de las métricas. La locura por bajar de peso, por hacer ejercicio, por leer tantas páginas al día… y muchas veces, al menos yo, no logro darme cuenta de que ya he sido atrapado en ese juego de cuentas. Pero hago el intento por liberarme.

    Releeré el cuento de Cortazar, aunque me quite tiempo con páginas que ya había leído ;)

    Un saludo y un abrazo

    Por cierto, qué envidia me das con eso de que te pasas el día entre libros!

  3. Tengo que reconocer que miro la estadística de los libros y páginas y a veces me lamento por que llevo pocos libros leídos como si el número en este caso fuera lo importante.

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