Los libros 2.0 parte II

Es curioso que entre los primeros formatos digitales, esto es, de serialización binaria de información, estuviese el texto y que, sin embargo, los libros, los resguardos del texto por excelencia, se hayan mantenido tan inmutables por tantos y tantos años, los libros seguían siendo libros.

Al poco tiempo de surgir las computadoras ya nos era posible guardar texto en formatos digitales. Con el tiempo, aquellos escuetos y minimalistas formatos evolucionaron en una enorme variedad de formas de serializar, no sólo la información del texto escrito, sino la información de su apariencia: tipo de letra, tamaño del texto, separación de línea, colores, imágenes incrustadas, ligas a otras partes del mismo documento, etc.

A fines de los 60’s IBM comenzó a hablar de “procesadores de texto”, para principios de los 70’s todo el mundo hablaba de ellos y comenzando los 80’s nació PostScript, el abuelito del PDF, fue así que los nuevos libros comenzaron a trabajarse en formatos electrónicos y que los mismos escritores abandonaron sus plumas fuente o sus Remingtons y Underwoods para arrellanarse en las primeras Macintosh o en los incómodos inicios del MS-DOS.

En 1993, cuando el PDF dio sus primeros berridos, la gente pensaba en un formato que permitiese ver e imprimir documentos controlando la apariencia de los mismos. Digamos que los humanos somos medio cuadradones y no nos gusta que se vea una cosa en el monitor y que salga otra completamente distinta por la impresora. Pero pensar en distribuir libros en PDF no estaba en la lista de Santa para Adobe.

Justo cuando el PostScript nacía, comenzó otra carrera, mucho menos comercial y mucho más humanista: El proyecto Gutemberg. La idea, por aquel entonces, no era crear un repositorio de libros electrónicos, sino conservar la memoria de la humanidad, escrita en libros, en medios digitales. Originalmente los libros del proyecto se guardaban en texto sin formato.

Fue casi rosando el 2000 que se comenzaron a vender libros en formatos electrónicos y que los problemas con el eBook comenzaron a surgir. En realidad, los problemas no fueron con el eBook, sino con los diseñadores editoriales que parecían muy molestos con que muchos formatos para libros electrónicos no conservaban las características editoriales que ellos habían diseñado con tanto cuidado.

De pronto, la cuidadosa elección de la tipografía, el color y calidad del papel y la tinta, el tamaño de la fuente, el control de viudas, huérfanos y márgenes dejaba de importar. El eBookReader de Microsoft ignoraba todas esas sutilezas y para colmo, permitía a los usuarios cambiar el tamaño de la fuente para hacerles más cómoda la lectura. Todas estas blasfemias pusieron los pelos de punta al mundo editorial que se resistió tanto como pudo a los libros electrónicos.

La intolerancia de los editores hubiese prosperado si no tuviésemos estas anécdotas para contar:

  • Mobipocket, una empresa francesa desarrolla un formato para libros electrónicos especialmente diseñado para dispositivos móviles, por obvias razones, el formato no respeta las delicadezas editoriales, pero se adapta bastante bien a las pantallas de celulares y agendas. En 2005 Amazon compra Mobipocket.
  • E Ink junto con Philips desarrollan lo que ahora conocemos como “papel electrónico”. Después del 2005 esta tecnología comienza a utilizarse en distintos dispositivos, incluyendo algunos teléfonos, el eBook Reader de Sony y el Kindle de Amazon.
  • En 2007 Amazon lanza al mercado su propio lector de libros electrónicos, el Kindle, que se unirá a la batalla por un nuevo mercado de libros digitales en la que ya participan Sony, Irex y varias compañías más (Barnes & Noble se incorpora este año).

El libro abandonó los remilgos tipográficos y aceptó un nuevo soporte muy distinto al papel que lo ha traído y llevado por la historia de la humanidad, hoy el libro puede viajar muy cómodo en una USB, en un iPhone o en una laptop. Pero este cambio no debiera emocionarnos tanto, puede parecerse al cambio de formato de las películas, del Beta al VHS al DVD y al Blue Ray, se trata de un cambio de sustrato, pero el libro y su forma de comercialización sigue siendo la misma. Usted entra a Amazon (al sitio Web) y compra un libro que en lugar de ser enviado por UPS ahora viaja por la línea celular que tiene su Kindle.

Es importante aclarar que no todos los libros han aceptado este cambio. Los libros de arte siguen y seguirán un buen trecho su camino a lomo de morral, sin artefactos digitales en el medio.

Otro punto importante es que todo este artículo tiene poco que ver con la Web 2.0, pero no quería continuar sin antes aclarar los antecedentes que permiten el arribo por completo de los libros al mundo de los servicios…

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